Hay días en los que Cronos y Ananke desearían que ni les tocara en la puerta, días en los que si nos encontramos caminando por ahí, ni me retornan el saludo. Dicen ellos que cada vez que me ocupo de pelar mi calva cabeza, me pongo denso, retórico, filosófico, y que les resulta muy difícil seguir el hilo de mis razonamientos.
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